Un jútir (también conocido como jútor) es un pequeño y remoto asentamiento en el campo ucraniano, formado por una o varias viviendas donde la gente vive y trabaja a parte de su lugar de residencia habitual, tanto para autoabastecimiento, como para el comercio. Los jútires suelen estar situados entre las aldeas, pero a diferencia de éstas, han servido de hogar tanto de los campesinos, como de la inteligentsia (élite intelectual) ucraniana.
La lengua ucraniana incorpora la palabra jútir en muchos topónimos, como: Jútir Myjáilivskyi, Yahidnyi Jútir, Chervonyi Jútir, etc. A lo largo de los siglos, estos topónimos han puesto de relieve la importancia de los jútires en la historia y la sociedad ucranianas. Sin embargo, se conoce poco sobre las peculiaridades del modo de vida en un jútir, así que vamos a conocerlas en este artículo.
Algunos académicos afirman que el jútir apareció por primera vez a principios de la Edad Media. Sin embargo, la opinión generalizada es que los jútires aparecieron en las tierras de la actual Ucrania en el siglo XVI.
En aquella época, estos asentamientos se formaron de manera orgánica: fueron fundados, en su mayoría, por los habitantes ricos, los cosacos y los campesinos libres o fugitivos que trabajaban en sus tierras recién cultivadas.
Uno de los jútires más antiguos de Ucrania se llama Subótiv, que se encuentra en el óblast de Cherkasy. Fue propiedad del padre del legendario hetman ucraniano Bohdán Jmelnýtskyi, el líder de los cosacos de Zaporiyia.

Subótiv fue mencionada por primera vez como un jútir en los documentos del siglo XVII. Más tarde, Jmelnýtskyi heredó ese terreno y construyó allí un palacio, convirtiendo Subótiv en su residencia. El asentamiento floreció bajo su mandato y, con el tiempo, se convirtió en una ciudad. Ahora es un pueblo que sigue llevando el nombre de Subótiv.
Lukavytsya es otro antiguo jútir sobre el que ha escrito mucho por los académicos. Más tarde fue rebautizado como Obújiv. Hoy en día sigue existiendo como un suburbio de Kyiv. Según la administración municipal de Obújiv, la primera mención de Lukavytsya como asentamiento se remonta al 1362. Sin embargo, el cosaco Obuj, que dio nombre a este lugar estableciendo allí un jútir, se asentó en la población aproximadamente en 1580.
Algunos jútires muy antiguos también se convirtieron en partes de la capital de Ucrania, Kyiv. Por ejemplo, el historiador local Lavrentiy Pojylevych describió Bratska Borschahivka, el actual distrito histórico de Kyiv, como un jútir en 1864.
En su libro Cuentos sobre las poblaciones de la provincia de Kyiv, Pojylevych escribió: “En verano, se enviaba a los estudiantes de la Academia Teológica de Kyiv al Borshchahivskiy Jútir, sobre todo durante las vacaciones, para que se relajaran al aire libre. Allí, hay un estanque para nadar y, debajo de la granja, hay un pequeño lago y un prado que pertenecen al Monasterio de las Cuevas de Kyiv. Durante el reinado de Catalina II, varias familias búlgaras procedentes de Turquía se establecieron en Bratska Borshchahivka. Los descendientes actuales de su cuarta generación, que ahora están mezclados con los habitantes autóctonos, casi han olvidado su lengua materna; sólo algunos rasgos físicos y cualidades espirituales les recuerdan su origen sureño”.
Otras fuentes indican que se sabía de la existencia de este asentamiento aproximadamente desde 1630, aunque su nombre ha ido cambiando a lo largo del tiempo.
Por tanto, la historia de muchos jútires antiguos en Ucrania sigue siendo rastreable, dado que han evolucionado hasta convertirse en pueblos y ciudades más grandes que conocemos actualmente.
Los jútires ilustran cómo las pequeñas tradiciones locales dependen de las prácticas culturales y jurídicas de las regiones en las que se forman. Cuando los jútires empezaron a aparecer en el siglo XVI, las tierras ucranianas estaban divididas entre la Mancomunidad de Polonia-Lituania (República de las Dos Naciones) y el Principado de Moscú. Esto dio lugar a una serie de diferencias en la apariencia y las funciones de los jútires dependiendo de la entidad política en la que estuvieran ubicados.

Los jútires que estaban situados en las tierras polaco-lituanas se conocían como filvarky (en ucraniano, en plural; también conocidos en español como folwark, en singular).
Un filvarok (en ucraniano, en singular) era una pequeña casa del terrateniente parecida a una villa romana, supervisada por la nobleza o la jerarquía eclesiástica, destinada a producir alimentos y otros bienes esenciales para el sustento de una sociedad. Inicialmente, este tipo de asentamiento surgió en Galitzia en el siglo XV como respuesta a la creciente demanda de la producción agrícola.
La investigadora ucraniana, Iryna Rybachok, nos ofrece una vívida imagen de los filvarky en la región de Volyn, donde los asentamientos de este tipo existen desde el siglo XVII:
“La entrada a los locales del filvarok de Sulzhyn se hacía a través de una robusta puerta de madera. El entorno del filvarok suburbano de Kostyantyniv era notable, estaba fortificado por una cerca de roble. Dentro del patio había locales residenciales y comerciales. En la parte de las viviendas residían los gerentes, los conserjes y los sirvientes del filvarok.
Por lo general, cada uno de los filvarky del sureste de Volyn contaban con dos edificios residenciales, además de diversas dependencias utilitarias como cocinas, panaderías, despensas, cocheras, queserías, palomares, malterías, pequeñas fábricas de cerveza, cervecerías, gallineros y establos para el ganado. La mayoría de los edificios agrícolas se construían con broza trenzada, mientras que las estructuras residenciales eran de madera, enlucidas con arcilla y encaladas.
Algunos patios tenían jardines con árboles frutales, como el jardín recién plantado en el filvarok suburbano de Kostyantyniv en 1615. Además, los filvarky solían incluir molinos, estanques y colmenares como parte integrante de sus complejos. La molienda de harina y la piscicultura predominaban en casi todos los filvarky del sureste de Volyn, mientras que la apicultura florecía en los pueblos que tenían las condiciones adecuadas, y los filvarky suburbanos (aparte del de Kuzmyn) mantenían los colmenares”.
Aunque parecía que había un ambiente tranquilo, no lo era para los campesinos.
A diferencia de los hogares privado en los que los aldeanos trabajaban en las tierras de su señor de forma ocasional o, a veces, incluso en las suyas propias, los propietarios de un filvarok esclavizaban a los campesinos quitándoles sus tierras o comprándoselas por una miseria y haciendo imposible que las pudiesen abandonar.
A pesar de estas dificultades para los campesinos, algunos académicos subrayan que este trabajo en las propiedades aisladas de los nobles les protegía de la pobreza en medio de la dura realidad y de un sistema irreversible de relaciones de mercado. Sin embargo, esto es cuestionable.
En contraste con las condiciones de esclavitud del filvarok, a principios del siglo XVI surgieron los zymivnyky, gobernados por los cosacos. Nunca existió servidumbre en estos lugares.
Según la historia ucraniana, este término se refería inicialmente a un lugar donde guardar el ganado durante el invierno. Sin embargo, con el tiempo, el término ha ido evolucionando para incluir a los jútires más grandes donde los cosacos practicaban la agricultura, cultivaban las estepas aradas, criaban ganado y abejas, y pescaban.
Cuando los cosacos descubrieron y dominaron Dyke Pole, los jútires eran sencillamente lo único que ellos podían construir en esa zona por la ausencia de infraestructura necesaria en su entorno.
Dado que la Sich de Zaporiyia no tenía gobernantes, sino que aceptaba ocasionalmente la protección de diferentes potencias regionales, evolucionó sobre todo como una entidad política independiente
, lo que se reflejaba en la manera de gestionar sus hogares y la naturaleza de los mismos. Aunque los hetmanes cosacos mantenían los zymivnyky bien desarrollados empleando a los campesinos, siempre se les pagaba con comida o dinero, y estaban en libre asociación con los dueños de los jútires donde trabajaban.
Petró Kalnyshevskyi, el último hetman de la Sich de Zaporiyia, tenía un zymivnyk que es digno de mencionar:
"El zymivnyk de Petró Kalnyshevskyi estaba situado en el río Kamianka, a 50 km de la Nova Sich. Era un complejo que contaba con numerosos edificios, entre ellos tres cabañas, dos graneros, dos establos, una pajarera, varios talleres, una fragua, un molino de viento, dos bodegas, etc. Allí trabajaban constantemente treinta jornaleros. Trabajaban en los campos y cuidaban del ganado, que incluía a dos caballos, dos reses y miles de ovejas”, según se relata en el libro Arqueología de la época de los cosacos ucranianos de los siglos XVI-XVIII."
Los zymivnyky más humilden se podían encontrar junto a los ricos, ya que la jerarquía en el ejército cosaco era menos autoritaria.
Los cosacos siguieron viviendo en sus zymivnyky, dando continuidad a sus tradiciones, incluso después de la vil aniquilación de la Nova Sich por Rusia en 1775 y su incorporación al Imperio ruso. Sin embargo, debido a los temores de una posible rebelión, varios gobernantes rusos también buscaron una excusa para disolver los asentamientos de los cosacos.
El general ruso Petar Tekelija le escribió lo siguiente al príncipe Gregorio Potemkin: “Hay que establecer aldeas en los lugares más convenientes donde los cosacos de Zaporiyia se han dispersado en los zymivnyky, ya que tienen asentamientos sin familia en lugares inventados y que son más convenientes para ellos”.
De esta forma, las autoridades del Imperio ruso borraron los zymivnyky creando y consolidando en su lugar las regiones más grandes bajo el dominio ruso que tenían el nombre de slobodá.
El primer ministro Piotr Stolypin hizo una reforma agraria para aumentar la productividad agrícola del Imperio ruso. Sin embargo, ¿qué podría saber realmente de la vida de los campesinos un noble como él?
La reforma de Stolypin de 1905 dio a decenas de miles de campesinos ucranianos la oportunidad de abandonar las tierras de propiedad estatal y establecer sus propios jútires en tierras nuevas. Algunos campesinos crearon los vídruby: parcelas de terreno destinadas exclusivamente para el trabajo de campo, que se recortaron de las tierras de propiedad estatal.
Como consecuencia, las tierras comunitarias de propiedad estatal se dividieron de forma artificial, lo que dio lugar a la aparición de numerosos jútires que no habían existido antes. Por supuesto, esto dio lugar a mucha reorganización.
A simple vista, la reforma trajo consigo cambios positivos: permitió a los campesinos, que estaban privados del derecho de tener tierra en propiedad durante mucho tiempo, establecer sus propios hogares y otro tipo de proyectos. Sin embargo, el carácter forzoso de su aplicación hizo que los campesinos que ya pasaban por dificultades siguieran atrapados en esa situación, mientras que hizo que los campesinos que ya eran ricos antes de la reforma acabaran enriqueciéndose aún más, ya que compraban, vendían y alquilaban tierras de los demás.
Los campesinos ricos compraron rápidamente las tierras a los campesinos humildes, que a menudo buscaban fortuna en tierras más baratas que se ofrecían como parte de las iniciativas gubernamentales para asentarse en Siberia, los Urales, el Extremo Oriente y otras regiones. Formaba parte de los esfuerzos del gobierno por evitar una sobresaturación de la mano de obra agrícola en determinadas zonas. Atraídos por la promesa de tierras de bajo coste y asistencia para el traslado y la adaptación, muchos de los campesinos lo aceptaron, sólo para descubrir más tarde que el suelo de esas zonas era estéril.
Pobres y devastados, los campesinos ucranianos regresaron a Ucrania sin nada, mientras que algunos de los ricos propietarios de jútires conservaban su estatus o ya se habían convertido en habitantes de las ciudades, cobrando de los campesinos que trabajaban en sus jútires.
También, hubo otros campesinos que no cambiaron sus tierras comunitarias por las parcelas privadas, y, consecuentemente, se formaron en una clase social aparte. Las posesiones comunitarias casi desaparecieron del todo en la orilla derecha del Dnipró y en el óblast de Poltava.
El escritor, académico y folclorista ucraniano Panteleimón Kulish fue el principal divulgador de la idea de jútir como un lugar romántico e idílico de libertad que no se podía encontrar en ninguna ciudad. Su influencia fue tan fuerte que los académicos ucranianos aún debaten sobre su visión de jútir, al igual que lo hicieron sus contemporáneos.
Como miembro de la inteligentsia (élite cultural), popularizó el jútir no sólo como una alternativa a la vida urbana, sino como un lugar que no era exclusivamente apto para la vida de los campesinos. Contribuyó a acabar con la idea estereotipada de que sólo la gente de poca condición y con un nivel educativo bajo preferirían seguir con ese estilo de vida, y convirtió el jútir en un lugar en el que uno podía vivir por elección.

El desdén que sentía Kulish hacia la vida urbana y la gente de las grandes ciudades se hizo patente en las páginas de su obra Cartas desde un Jútir:
“En alguna Moscú de piedra o en ese vórtice inacabable de la ciudad, nuestro hermano jútir contempla, oh Dios, con gran lástima a esa gente bien vestida y dulce, y piensa para sí mismo: “¡Dios mío, cómo sufren estos señores de toda esa estrechez! Todos brillan con oro, y pasean en sus carruajes, ¡pero qué aire respiran! ¿Estos son sus lujos? ¿Es por eso por lo que nos atraen de las tranquilas aldeas cantarinas a esa mísera civilización?” Los urbanitas se visten con sus nuevas modas semanales, se dan un festín con sus manjares y venden su Patria por los juguetes caros, habiendo perdido su juventud por la multitud alocada, ahora invitan a nuestro hermano jútir a unirse a ellos en un acto de misericordia. Es mejor para todos nosotros morir uno a uno que alejarnos de nuestra honrada fe y convertirnos en esclavos de la ciudad!”.
Compartía esos pensamientos en cartas escritas a sus amigos desde un jútir llamado Zarig, donde él mismo trabajaba en el campo a la vez que seguía siendo productivo como autor.
A Kulish se le considera uno de los fundadores de la filosofía ucraniana de jútir
, que se desarrolló como parte de la ola del pastoralismo iniciado por Jean-Jacques Rousseau con la idea de que “el hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado”. Por supuesto, los puntos de vista y las vidas de Kulish y Rousseeau eran muy diferentes en el fondo, ya que, de hecho, Kulish vivía en el campo.
Como los jútires eran bastante populares en la época cuando se escribían las obras clásicas de la literatura ucraniana, muchos autores ucranianos contribuyeron a describirlos como un elemento muy relevante de la memoria histórica de Ucrania. Entre ellos se encontraban Mykola Gógol con su obra La noche en vísperas de San Juan, Dmytró Markóvych con su Na Vóvchomu Jútori (En el Jútir de los Lobos), y Mykola Kostomárov con Bunt Tvarýn (La rebelión de los animales).
El hecho de que los nazis quemaron decenas de miles de jútires, a menudo, junto con sus habitantes, durante su invasión de las tierras ucranianas está bien documentado. Según el Instituto de la Memoria Nacional de Ucrania,
los ocupantes nazis destruyeron e incendiaron más de 28 mil pueblos, quemaron y destruyeron más de 2 millones de edificios residenciales, más de 540 mil dependencias, y dejaron sin hogar a unos 10 millones de personas.
Dado que los jútires podían estar compuestos por uno o varios edificios, es imposible determinar cuántos de ellos fueron destruidos. Sin embargo, gran parte de los jútires de cuya existencia se conocía fueron sencillamente arrasados por los nazis. Además, los nazis mencionában e incluían a los jútires como una categoría aparte en algunas de sus órdenes:
“En todas las aldeas y jútires donde los partisanos encuentren refugio o reciban alimentos, confisquen todos los víveres, quemen las casas y fusilen o cuelguen a todos los colaboradores, a menos que la población se oponga activamente a los partisanos y contribuya a su destrucción", decía una orden del comandante general del 6º Ejército nazi al describir las medidas punitivas para combatir contra los partisanos.
Muchos de los jútires que sobrevivieron al horror nazi fueron rematados por las autoridades soviéticas después de la guerra. Los jútires que se encontraban cerca de las granjas colectivas fueron adheridas a ellas a la fuerza, y los jútires más aislados fueron simplemente eliminados al ser considerados como poblaciones de poca perspectiva.
Como resultado, a mediados de la década de 1960, sólo quedaban 8.400 de los 58.500 jútires que existían en Ucrania antes de la Segunda Guerra Mundial,
según la obra Unpromising Villages (Los pueblos de poca perspectiva) escrita por la investigadora Liudmyla Kovpak.
Hace tiempo que ha pasado la edad de oro de los jútires ucranianos debido a los numerosos intentos de erradicarlos y a la influencia de la urbanización. Sin embargo, los jútires no han desaparecido del todo, y se encuentran atrapados entre dos situaciones contrapuestas: o bien sirven como un lugar donde los habitantes de las ciudades buscan volver al campo y a las antiguas tradiciones ucranianas, o yacen como símbolos del deterioro de la vida en los pueblos ucranianos.
Muchos pueblos antiguos, sobre todo los que están alejados de las grandes ciudades, se han convertido en jútires, ya que lo único que queda de ellos son las viviendas aisladas sin una infraestructura adecuada, porque la gente simplemente se marcha y esas poblaciones pierden poco a poco las características de un pueblo.
Los medios de comunicación locales sacan a colación las historias de asentamientos como Vilka Falemytska, en el óblast de Volyn, cuya población se ha reducido de 150 habitantes en el s.XX a tan sólo 2 habitantes, así como la de de Teklívka, en el óblast de Ternópil, cuya población ha desplomado de 100 residentes hace 70 años a tan solo un residente en la actualidad. El motivo es sencillo: es mucho más cómodo vivir en un lugar más grande.

“Me gusta cuando vienen los residentes de verano. Traen más gente al pueblo. Ahora me da miedo salir por la noche. Está oscuro y no se ve luz en las ventanas. Sin los residentes que vienen en verano, el pueblo se habría convertido en un jútir desierto”, cuenta María Shpak, que vive en Klochkiv, un pueblo en decadencia a 30 kilómetros de Cherníhiv.
Se dice que los jútires y los pueblos se distinguen fácilmente por el hecho de que los jútires no tienen iglesias.
Lamentablemente, las iglesias de los pueblos en declive también han quedado en desuso, debido a que ya nadie va allí a rezar.
Por otro lado, los ucranianos que viven en las ciudades están redescubriendo la antigua vida de los jútires.
No son muchos los ucranianos que prefieren los jútires a las ciudades, pero sí hay algunos. Hace poco publicamos un reportaje sobre Yulia, que abandonó una de las mayores ciudades de Ucrania, Lviv, y su carrera profesional para dedicarse a la agricultura, la naturaleza y otros aspectos de la vida en el campo. Y ella no es la única persona que lo ha hecho.
Además, en Ucrania hay iniciativas que apoyan a quienes tienen buenas aptitudes para la agricultura. Por ejemplo, la reciente iniciativa de las Granjas Lecheras de Producción Familiar (Family Dairy Farms) ha dado lugar a numerosas explotaciones de producción artesanal de productos lácteos que, en algunos casos, se establecen incluso en los patios de las casas, siguiendo la mejor tradición de los jútires.
El gobierno y las universidades ucranianas también ofrecen muchas iniciativas para enseñar y animar a la gente a crear sus propias empresas agrícolas. Por ejemplo, un programa de este tipo de la Universidad Nacional Agroecológica de Polissia (en Yitómyr), apoyado por la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional, se centra en contribuir a que más mujeres puedan dedicarse a la agricultura.
Muchos jútires que se han convertido en retiros creativos tienen un impacto positivo en la imagen general del estilo de vida en el jútir. Un claro ejemplo es el Jútir Góich que fue organizado por la periodista kyivita Kateryna Mizina que, estando harta de la vida en la ciudad, decidió trasladarse a un jútir deshabitado a 120 km de la capital.
Otro ejemplo es de este tipo de jútires convertidos en retiros creativos es Khutir Obyrok, que sirvió de inspiración inicial para Kateryna. Es un lugar donde la gente pinta, ve películas, aprende botánica, cultiva flores, entre otras cosas. Esta moderna reinterpretación de un jútir tradicional no sólo atrae a los jóvenes, sino que anima a los residentes de mayor edad que tienen allí sus casas a quedarse, ya que este tipo de iniciativas devuelven la vida a estas tierras.