Estamos aquí, no seremos olvidados: Sudáfrica y Ucrania dialogando a través de la literatura

31 de julio de 2025
Diálogo sobre la literatura en tiempos de guerra entre Yuliya Musakovska y Quaz Roodt.
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  • Yuliya Musakovska (Ucrania)
  • Quaz Roodt (Sudáfrica)

Es un diálogo entre dos poetas: una mujer y un hombre, una ucraniana y un sudafricano. Escribieron sus pensamientos sobre los mismos temas, y a pesar de la distancia geográfica entre ellos, podemos escuchar metáforas similares, ideas similares, melodías similares. ¿Significa esto que tenemos más en común de lo que pensamos? Esperemos que sí.

La literatura no puede deshacer las diferencias de nuestras experiencias, pero puede intentar disminuir los abismos que existen entre los seres humanos. Puede ayudarnos a mirar a los ojos del otro y ver una imagen allí: una imagen siempre nueva e inesperada de nosotros mismos.


Quaz Roodt es poeta, editor y curador literario que actualmente ejerce como cocurador del Festival de Poesía África del Centro de Artes Creativas en representación del Departamento de Artes y Cultura de la Universidad de Johannesburgo. Es editor de Poetry Potion, una de las plataformas más antiguas de Sudáfrica dedicada a la publicación de poesía tanto en formato impreso como digital. Su trabajo editorial y curatorial se complementa con una trayectoria en difusión literaria; fue coanfitrión de The Quiet Conversation en Jazzuary FM y presentador fundador del Poetry Potion Podcast en UBR. En 2020, Roodt fue nombrado como escritor residente Mellon en la Universidad de Witwatersrand, un cargo que subrayó aún más su contribución a la literatura sudafricana contemporánea. Ha publicado tanto un chapbook como una colección completa de poesía, y su obra ha aparecido en diversas antologías, revistas y publicaciones académicas locales e internacionales. En reconocimiento a su impacto en el panorama cultural, fue nombrado por Independent Media como una de las 100 personas jóvenes más inspiradoras y prometedoras de Sudáfrica en 2016.

Yuliya Musakovska es una galardonada poeta, escritora, traductora y activista cultural ucraniana. Es invitada frecuente en eventos literarios internacionales y ha participado en el Festival Poetry Africa en 2021 y 2024. Ha publicado seis colecciones de poesía en ucraniano, siendo la más reciente Piedras y clavos (2024). Su colección El dios de la libertad (2021) fue finalista del Premio de Literatura de la Ciudad de la UNESCO de Lviv (2024) y nominada al Premio Nacional Shevchenko, el galardón literario más prestigioso de Ucrania. En 2024, El dios de la libertad fue publicado en EE. UU. por Arrowsmith Press traducido al inglés por Olena Jennings y la autora. The Kyiv Independent lo incluyó entre los 10 mejores libros sobre Ucrania de 2024. La obra de Yuliya ha sido traducida a más de 30 idiomas y publicada en todo el mundo. Se han publicado colecciones de su poesía traducida en EE. UU., Suecia y Polonia. Como traductora, trabaja con los idiomas inglés y sueco, y ha traducido a Tomas Tranströmer al ucraniano. Actualmente, su enfoque son los poetas-soldados ucranianos. En 2023, Yuliya interrumpió su carrera de 20 años en el sector internacional de las Tecnologías de la Información para dedicarse por completo a la promoción y defensa de la cultura de Ucrania. Es miembro de PEN Ucrania.


¿Qué puede hacer la poesía en tiempos de guerra?

QR: La poesía no puede detener bombas ni reconstruir hogares, pero puede dar testimonio. En tiempos de guerra, la poesía se convierte en un recipiente para la verdad cuando los hechos son distorsionados, y en un bálsamo para el alma cuando el duelo es demasiado vasto para soportar. En Sudáfrica, la poesía fue un arma contra el apartheid: una forma de decir lo que no podía decirse en el lenguaje de los tribunales o la política. De manera similar, en la Ucrania actual, la poesía conserva la humanidad en medio de la destrucción, ofreciendo destellos de dignidad donde la guerra intenta borrarla.

YM: La poesía es un espacio de profunda sinceridad, donde se forma una intimidad única entre el poeta y el público. En Ucrania, donde la guerra genocida de Rusia ha marcado casi todas las vidas, los poetas responden no solo a pérdidas personales, sino al sufrimiento colectivo. La poesía nos une en el dolor, la rabia, el amor y el duelo. Los traumas de la guerra a menudo nos dejan entumecidos, silenciados por un dolor demasiado vasto para el lenguaje común: la poesía rompe el silencio con urgencia, ayudándonos a captar lo inimaginable y a decir lo indecible. También, como una bola de fuego emocional, crea puentes entre la experiencia vivida y la empatía distante. Da testimonio de crímenes de guerra, reaviva la esperanza y honra el coraje de los defensores y la resiliencia de los civiles.\ Más que el arte u obra, la poesía se convierte en una herramienta de resistencia, testimonio, duelo, y se podría decir que supervivencia, lo que la hace tan vital en Ucrania como lo fue en Sudáfrica.

¿Qué paralelismos ven entre las experiencias de Ucrania y Sudáfrica?

QR: Ucrania y Sudáfrica comparten paralelismos notables en sus historias de dominación colonial, supresión lingüística y lucha por la identidad nacional. Ambas naciones se enfrentaron a imperios o regímenes poderosos que intentaron borrar sus lenguas y culturas. En ambos casos, reivindicar el uso de la lengua nativa se convirtió en un acto de resistencia y recuperación de la identidad. La literatura y el arte han jugado roles cruciales en documentar el trauma, preservar la memoria e inspirar la resistencia, con poetas y escritores al frente de la supervivencia cultural. El trauma colectivo de la guerra en Ucrania y del apartheid en Sudáfrica continúa moldeando la conciencia nacional, resaltando la importancia de decir la verdad y de sanar a través del arte. Estas experiencias compartidas fomentan una solidaridad natural entre nuestros pueblos, basada en la comprensión de que la lucha por la dignidad, la lengua y la libertad es una lucha global.

YM: Aunque geográficamente distantes e históricamente distintas, Ucrania y Sudáfrica son similares en sus luchas por la identidad, la libertad y la justicia, ambas marcadas por el legado del colonialismo. Mientras Sudáfrica sufrió la opresión europea, Ucrania se enfrentó a una violenta dominación rusa caracterizada por la asimilación forzada, el exterminio de las élites, la destrucción cultural y la falsificación de la historia. En ambos países, la literatura, y en particular la poesía, ha sido una poderosa forma de resistencia, que expresa la aspiración a la libertad y justicia, mientras preserva culturas en peligro de extinción. La poesía va más allá de ser un simple registro del sufrimiento y actúa como una guía para la recuperación y la reafirmación de la identidad. El dolor y la resiliencia de la poesía ucraniana en tiempos de guerra, que compartí en Sudáfrica, resonaron profundamente con el público, evocando recuerdos de sus propias luchas. Su recepción empática me hizo sentir más en casa, que en algunos otros lugares que están mucho más cerca de Ucrania.

En particular: Ucrania tiene una historia compleja de presión colonial sobre su lengua. Sudáfrica también ha luchado por la justicia lingüística.

QR: Tanto Ucrania como Sudáfrica han sufrido el trauma de una dominación colonial que buscó borrar su lengua y su identidad. La lucha lingüística de Ucrania, donde el imperialismo intentó desplazar el idioma y la cultura, refleja una larga lucha de Sudáfrica por reivindicar las lenguas indígenas frente al dominio del inglés y el afrikáans. En ambas naciones el lenguaje se convirtió en un campo de batalla: quién habla, quién escucha, quién es escuchado.

YM: A lo largo de la historia, la lengua ucraniana ha enfrentado prohibiciones y represión sistemática por parte de las potencias coloniales. Por ejemplo, el decreto de Ems de 1863 bajo el Imperio Ruso, prohibió publicaciones y educación en ucraniano. Más tarde, durante la ocupación soviética bajo el régimen de Stalin, las instituciones culturales ucranianas fueron cerradas o severamente reprimidas, con el ruso impuesto como lengua dominante. Estas políticas brutales buscaban borrar gradualmente la identidad nacional, restringiendo el uso del ucraniano tanto en la vida pública como privada, muy similar a la supresión de las lenguas indígenas en Sudáfrica.

¿Cómo sienten los escritores su lengua? ¿Escribir en la lengua materna es un acto de resistencia?

QR: Absolutamente. Escribir en zulú, sesoto o xhosa en Sudáfrica siempre ha sido más que una elección estilística: es una afirmación de la existencia en un sistema que una vez nos dijo que no éramos plenamente humanos. Cuando un poeta escribe hoy en su lengua materna, es un acto de desafío contra el olvido, tal y como lo fue cuando los escritores componían versos bajo el apartheid. El lenguaje no es neutral; lleva el ritmo del arraigo, y escribir en él es proclamar: "Estuve aquí, y no seré olvidado."

YM: El ucraniano sigue siendo una lengua en peligro de extinción hoy en día, a pesar de haber resistido numerosas prohibiciones y restricciones durante la época colonial. Escribir en ucraniano es tanto un honor como una gran responsabilidad: hacia las generaciones de escritores ejecutados durante las purgas estalinistas de los años 30, que se conocen como el Renacimiento Ejecutado; y hacia aquellos de mi generación que han sido asesinados, tanto en el frente como entre la población civil, desde que Rusia inició su guerra contra Ucrania en 2014. Proveniente de un entorno multiétnico, me enorgullece haber elegido el ucraniano como lengua de escritura, a pesar del legado de la rusificación que pesó sobre Ucrania en los años 90 y principios de los 2000. Lo elegí no solo por su riqueza expresiva y musicalidad, sino porque es el idioma de la libertad recuperada. Me encantó escuchar cómo los poetas sudafricanos incorporaban las palabras de sus idiomas al inglés; con eso decían: "estoy orgulloso de quién soy, y lo celebro."

¿La literatura puede conservar y replantear el trauma colectivo?

QR: Sí. La literatura conserva lo que la historia oficial omite. La Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica nos dio ciertos testimonios, pero nuestras novelas, obras de teatro y poemas nos revelaron los silencios que había entre ellos. No solo nos piden recordar las heridas, sino también enfrentarnos a los sistemas que las causaron. Lo que he podido leer de la literatura ucraniana, lo mismo está haciendo hoy: documentando el dolor, sí, pero también replanteando la resiliencia.

YM: La literatura da voz a las verdades silenciadas y personaliza el sufrimiento nacional. A través de la poesía, las memorias y la ficción, los escritores ucranianos procesan eventos como el Holodomor (las hambrunas provocadas por la Unión Soviética), las purgas estalinistas y la actual guerra de agresión rusa, transformando el dolor en narrativa y memoria. Por ejemplo, la poesía de Vasyl Stus, escrita durante su encarcelamiento en los años 70 y 80, transmite el sufrimiento infligido por la represión política soviética. Poetas contemporáneos como Artur Dron', escribiendo desde el frente, combinan imágenes crudas con reflexiones sobre el trauma, la memoria y el precio humano de la guerra. Al hacerlo, la literatura ayuda a la sociedad a procesar y transformar el trauma en una fuente de resiliencia e identidad.

¿Tiene la literatura el deber de recordar?

QR: Sí, especialmente en países donde los archivos han sido, o siguen siendo, manipulados o borrados. En Sudáfrica, la literatura a menudo ha asumido la tarea del testimonio cuando las instituciones fallaron. Nos recuerda que recordar no es nostalgia, es un acto político. Olvidar es repetir. La literatura se niega a permitirlo.

YM: La literatura preserva lo que no debe olvidarse. Rusia, impune por sus numerosos crímenes desde la época soviética, ha regresado a Ucrania con una guerra genocida, continuando sus esfuerzos coloniales de décadas por reescribir la historia y borrar la memoria. Con los archivos del KGB mayormente inaccesibles y ocultando pruebas de represión, tortura, asesinato y aniquilación cultural, la literatura ucraniana ha desempeñado un papel vital para revelar la verdad y mantener vivas las voces silenciadas. Los escritores ucranianos contemporáneos desafían la propaganda rusa al destapar las historias individuales detrás de las estadísticas, destacando actos de coraje y resiliencia, y documentando los crímenes de guerra del agresor.

¿Sienten solidaridad con escritores cuyos países han experimentado traumas similares?

QR: Profundamente. Cuando un poeta palestino o ucraniano, o un dramaturgo, habla de pérdida, exilio o de la lucha por expresarse en su propio idioma, eso resuena con las experiencias de muchos artistas sudafricanos y africanos. De hecho, responde a las voces de los pueblos oprimidos de todo el mundo. La solidaridad no es lástima; es el reconocimiento de un dolor compartido, pero también de una fuerza compartida. Es saber que somos parte de un coro global que rechaza el silencio.

YM: Nos conectamos sin necesidad de muchas palabras. Los sudafricanos comprenden instintivamente por qué apreciamos la lengua ucraniana y por qué nos sentimos orgullosos de nuestra identidad nacional. Ellos saben lo que significa recuperar la libertad tras siglos de opresión, y comprenden ese impulso profundo de alzar la voz cuando un agresor quiere silenciarnos. Saben que no puede haber dignidad bajo ocupación. Más intercambios entre escritores con experiencias históricas similares pueden profundizar la comprensión y fortalecer nuestra determinación colectiva de enfrentarnos a la injusticia y defender la libertad. Después de todo, se trata de proteger nuestros derechos humanos más fundamentales en un mundo donde el orden basado en el derecho internacional se está desmoronando.

¿Cómo imaginan el futuro de sus países?

QR: Imagino una Sudáfrica que encuentra su lugar en un mundo en declive, donde el caos, los conflictos y la incertidumbre están por todas partes, y donde a menudo falta el liderazgo con visión que tanto necesitamos. En ese futuro, nuestras lenguas no solo coexisten, sino que moldean nuestro pensamiento, nuestro arte, nuestra política y nuestra vida pública con intención y dignidad. Veo un país donde el legado y el trauma del apartheid no solo se recuerdan, sino que se reparan activamente mediante una justicia audaz, cuidado radical y una imaginación colectiva que rechaza la desesperación. Necesitamos artistas que no estén al margen, sino en el centro; comunidades que no solo sobrevivan, sino que construyan con propósito. Soy optimista, pero realista. Sé que la paz no es un sueño lejano; se construye, pieza por pieza, palabra por palabra. Es mi responsabilidad, y la de todos nosotros, sostener nuestras esquinas del mundo: con un poema, un texto, un acto a la vez.

YM: Ucrania será un país libre y victorioso. En muchos sentidos, Ucrania ya ha ganado esta guerra. Posee la autoridad moral frente a un agresor que comete incontables crímenes de guerra, mientras que el ejército ucraniano defiende su patria con disciplina y precisión estratégica, enfocándose en objetivos militares para minimizar el daño a los civiles. El coraje y la resiliencia del pueblo ucraniano, nuestra capacidad para encontrar e implementar soluciones extraordinarias, darán forma a nuestro futuro. Sí, habrá heridas profundas que sanar, ciudades y pueblos que reconstruir, y como sociedad tendremos que aprender a convivir con traumas de guerra muy distintos. Pero confío en que Ucrania seguirá siendo un país de oportunidades notables, donde el talento florece, el ejército se mantiene fuerte y la cultura es profundamente valorada.\ Luchamos no solo por sobrevivir, sino por vivir libres y con dignidad. No exigimos menos para nosotros mismos, y creemos en lo mismo para todos las personas. Ucrania se mantiene hoy como un poderoso recordatorio para todas las naciones de que la libertad nunca debe darse por sentada. Cuando una nación soberana es invadida y aterrorizada sin consecuencias, se envía una señal peligrosa a las potencias imperialistas de todo el mundo. Ningún país, ninguna persona, está a salvo en un mundo así. Juntos debemos alzar la voz y mantenernos firmes, como poetas, como personas, como ciudadanos, por la paz, la justicia y el futuro que todos compartimos.


Este texto fue redactado como parte de una iniciativa conjunta de UkraineWorld, el Instituto Ucraniano y PEN Ucrania.